LEYES DE EXPRESIVIDAD O PROYECCIÓN DE LA ESCRITURA


LEYES DE INTERPRETACIÓN DE LA ESCRITURA

Explican el modo por el cual el inconsciente proyecta las inclinaciones, los impulsos y las tendencias en la escritura.

Partiendo de las leyes del inconsciente, Marchesan elabora 41 leyes que representan el puente de unión entre el signo gráfico y las tendencias psicológicas. Las leyes se inspiran en las leyes de interpretación de los sueños de Freud que reciben una serie de modificaciones, en particular el concepto freudiano de trabajo onírico es sustituido por el de la inercia.

La escritura es la proyección simbólica, consciente, subconsciente e inconsciente de la personalidad del escritor.

Consciente: el signo gráfico es un signo convencional que se aprende, el niño dibuja la letra, por eso es consciente. Escribimos conscientemente.

Subconsciente: Cuando ya se ha aprendido a escribir, se automatiza la escritura y ésta pasa a la memoria remota, (subconsciente) a la que recurrimos cuando queremos escribir.

Inconsciente: El signo gráfico adquiere una mímica particular, como manifestación de ser una representación simbólica, regida por unas leyes mímicas. Por eso cada sujeto escribe de una forma única. El inconsciente no elabora se mueve por pura inercia.

Es un producto del consciente, o sea un acto volitivo y consciente en cuanto que utiliza un modelo convencional para dejar el trazo de un pensamiento, cuando el gesto consciente se hace automatizado, no se da más importancia a los aspectos formales de la escritura, y el modelo aprendido es relegado en la memoria remota o subconsciente, de la cual nos abastecemos, cuando sentimos la necesidad.

El modelo caligráfico es fijado en la zona subconsciente donde están asentados los automatismos, esto influye en la escritura.

Al escribir nos enfrentamos al hecho de querer hacer la escritura más dinámica y por otra parte, el hecho de hacerla comprensible, clara. El producto final de esta exigencia es fruto del entrelazamiento entre consciente, subconsciente e inconsciente. Si el estilo es conforme al modelo convencional aprendido en la escuela la persona esta atascada, sus pulsiones y expresiones han sido sofocadas, ahogadas. Como la escritura es, finalmente, un producto del inconsciente, es libre en su expresión cuanto más este presente el inconsciente en su realización, por lo que cuando el inconsciente se encuentre atascado la escritura realizará siguiendo el modelo convencional.

La escritura esta al servicio del pensamiento, el pensamiento es más veloz que la escritura y debe adecuarse (para satisfacer esta exigencia la escritura neolatina se ha transformado de desligada en ligada) para acomodarse a esta exigencia de la claridad y legibilidad de la escritura; cada uno resuelve subjetivamente este problema buscando el punto de encuentro entre las dos exigencias.

Hemos dicho que la escritura es fruto del inconsciente por que es un acto voluntario y consciente, y fruto del subconsciente pues hay están los automatismos, esta zona está en contacto con el inconsciente. El inconsciente se expresa por símbolos, el folio blanco representa el ambiente en el cual actuamos, el movimiento de izquierda a derecha es el modo de cómo procedemos hacia el ambiente. La letra resultante será la expresión simbólica de nuestro representarnos con respecto a este símbolo. El inconsciente transmite las pulsiones que llevan a la deformación de la escritura respecto al modelo caligráfico aprendido en la escuela y depende de las tendencias innatas y de las tendencias adquiridas.

Cada uno de nosotros adquiere una cantidad enorme de recuerdos, emociones, sensaciones y nociones, es necesario que toda esta información y conocimiento sea relegado a una zona lejana, esta zona es el subconsciente. El subconsciente es una realidad funcional determinada por el consciente mediante la relegación de los elementos de las experiencias en la memoria remota. La memoria remota es por tanto, la zona donde se relegan todos aquellos elementos de la experiencia que no sirven en un determinado momento. La memoria remota es la que llamamos subconsciente.

El subconsciente proviene del consciente, es un producto del Yo. El inconsciente proviene del cuerpo, es una producción de la fisiología de la persona.

Cuando el gesto se automatiza es relegado a la memoria remota, el modelo es fijado en la zona subconsciente donde están asentados los automatismos, con tal relegación la escritura personal viene a situarse en la zona subcortical que es la del neurovegetativo y se hace un producto del inconsciente.

En la base de la escritura encontramos la Ley de la Practicidad, para conseguir la máxima velocidad es necesario automatizar el movimiento escrito, trasformar la escritura en un reflejo secundario de confianza en si mismo, necesita en otras palabras, eliminar la intervención del consciente y hacer surgir así un movimiento de arrastre con todos los movimientos concurrentes. La necesidad de relegar fuera del consciente todo cuanto no interesa en ese momento determinado, sucede automáticamente.

El movimiento, ósea el modo con el cual trazamos las palabras es relegado fuera de la zona consciente, pertenece al subconsciente, es confiado a los automatismos subcorticales del neurovegetativo y por lo tanto del inconsciente.

El punto de partida de la escritura es el cerebro donde surgen las palabras que expresan el concepto y provocan los impulsos psicomotorios que son dirigidos al otro escribiente, llega al folio y se transforma en grafomotorio. La escritura está al servicio del pensamiento, y como el pensamiento es veloz, quien escribe no puede simultáneamente prestar su atención al concepto y al trazado de la escritura, para esto la mente concentra la atención en el concepto de expresar y confía el trazado de las letras a la automaticidad.


Un movimiento es automático cuando el final de una parte de él desencadena los movimientos sucesivos, la característica de este movimiento es que falta el consciente y tiene naturaleza de movimiento reflejo (estos movimientos son desencadenados por preceder o contemporáneamente provenir de otros, hechos fuera del consciente, es como una rampa de escaleras).

La escritura para seguir el pensamiento confía el movimiento a una cadena de reflejos en la cual domina el inconsciente y el consciente resta fuerzas.

Cuando aprendemos a escribir, esforzándonos a seguir el modelo caligráfico, en esta fase ponemos en funcionamiento zonas de la corteza cerebral muy extensas; pero cuando el movimiento se vuelve automático el área de la corteza interesada se reduce, finalmente cuando el gesto es totalmente automatizado el área de la corteza se localiza hacia el tercer giro frontal izquierdo. En esta última fase la mente se limita a formar la idea de la letra a trazar y no se ocupa del movimiento, esto ya no es operado por la zona cortical sino desde la subcortical, es un movimiento refleja habitual.

El movimiento de la escritura y el de la expresión hablada y mímica están sujetos a la voluntad, ambos son consultados en cuanto al concepto, reflejos periféricos cuanto a la ejecución del movimiento necesario, instintivo en la parte mímica, habitual en el resto.

Desde el momento en que la escritura se convierte en un movimiento reflejo habitual aumentan las diferencias entre la escritura y el modelo caligráfico.

La escritura nos permite conocer el carácter de las personas y no sólo el estado anímico contingente, este test refleja no sólo las características del sentimiento en acto sino las propiedades del sentimiento también en estado de quietud. Las alteraciones de la escritura debidas a las actitudes del sentimiento son cerca de un 7%.

El movimiento automático es relegado fuera de la zona consciente, pues pertenece al subconsciente, en cuanto es relegado al área de la memoria remota, por otro lado, es confiado a los automatismos subcorticales del neurovegetativo, del inconsciente. Este último aspecto es para nosotros, el más interesante.

Para comprender la escritura es importante conocer las leyes del inconsciente que representa el ligamen entre el sistema psíquico y el sistema gráfico. Las leyes del inconsciente han sido formuladas partiendo de las leyes oníricas de Freud, el cual estudiando y analizando los sueños habló del trabajo onírico porque considera que la originalidad, la fantasía de los sueños requiere una actividad mental muy fecunda. Para interpretar los sueños, es decir los símbolos o representaciones indirectas de los deseos inconscientes, Freud recurre a las leyes de la:

Condensación → es un proceso inconsciente por el cual diversos elementos se sobreponen en un único elemento de forma condensada. Necesitando aludir a más realidades el inconsciente toma un solo simbolismo que tiene parecidas facetas de la realidad a la que alude.

Transposición o dislocación → en lugar del hecho realmente querido por el sueño, será evocado un hecho que tenga con el recurrido una semejanza, esto tiene la posibilidad de ayudar a la realidad querida. Marchesan afirma que esto ocurre porque en el estado del sueño prevalece el inconsciente y la energía psíquica es insuficiente, no tiene la fuerza para lograr el objeto del sueño y se agarra a cualquier cosa que sea idónea para ayudar al objeto.

Imagen visiva → todo ello viene percibido y sentido por una imagen visiva-visible.

Para Marchesan las leyes oníricas no son otra cosa que las leyes del inconsciente y el concepto de trabajo onírico es sustituido por el de la inercia psíquica: en el sueño la energía es suficiente y por este motivo se verifica el efecto de la dislocación, de la condensación y de la imagen visible. En la escritura al contrario, la insuficiencia de energía es debida al hecho que la energía consciente es absorbida por el pensamiento que se quiere expresar en el momento del movimiento de trazado automático, es un reflejo del mundo interior.

La energía psíquica consciente se manifiesta en el estado de vigilia y se vale de la parte racional consciente, el inconsciente en esta fase está bajo control, pero sin embargo envía sus mensajes que se expresan en la gestualidad, en la mímica, en el tono de la voz. Hay etapas en las cuales el consciente se "adormece" y prevalece el inconsciente, este es el caso por ejemplo de la fase rem (donde en cualquier caso esta presente una fase consciente). Marchesan afirma que la escritura, como el sueño, es la expresión sintética, simbólica y automatizada del propio inconsciente

Las Leyes oníricas de Freud, llamadas por Marchesan leyes del inconsciente, se vuelven las leyes fundamentales de la Psicología de la escritura. De esta manera las cuatro Leyes fundamentales, han sido formuladas sobre la base del encuentro entre el consciente y el inconsciente.

En definitiva, en el sueño funciona la energía inconsciente que trabaja y comprime imágenes simbólicas, visibles, que se liberan a través del sueño cuyo significado es manifiesto y latente. De igual forma otra manifestación del inconsciente es el signo gráfico, que siendo una imagen simbólica, es un gesto automatizado que se plasma con la escritura y por lo tanto inconsciente.

La escritura es el test más natural que existe, es la fotografía de nuestro inconsciente. El automatismo es un ejercicio del consciente. El subconsciente es una memoria remota que echamos fuera en determinadas circunstancias.

Las leyes de la escritura explican de que modo nuestro inconsciente proyecta inclinaciones y tendencias en la escritura, es posible a través de este método, individualizar y reconocer los impulsos y las tendencias en virtud de la deformación del modelo caligráfico que todos nosotros manejamos.


LEYES FUNDAMENTALES

Las cuatro leyes fundamentales han sido formuladas sobre la base de las leyes oníricas de Freud: la energía inconsciente que disponemos es la suma de una energía consciente y una inconsciente, la primera hace prevalecer la racionalidad y reprime el inconsciente, cuando alentamos ese control, la energía inconsciente, por movimiento de inercia, aflora y se libera. En el sueño para liberar nuestras pulsiones nos ayudamos de imágenes visuales, de la dislocación y de la condensación, con los signos gráficos hacemos lo mismo.

1. Ley del flujo y del reflujo entre consciente e inconsciente.

En la actividad psíquica, cuando y donde la actividad consciente disminuye, en la misma medida aumenta la actividad inconsciente y viceversa. Se produce una lucha por el equilibrio de fuerzas.

La energía psíquica es una cantidad de la energía consciente e inconsciente, esta cantidad no podrá aumentar pero, aumentara o disminuirá la porción del área poseída de una parte, con disminución o aumento de la porción de la otra.

Durante la fase de relajamiento aflora la parte inconsciente, tenemos un flujo de energía que conduce a una ampliación del inconsciente (en esta fase el consciente reposa), que se expande para liberar los conflictos inconscientes que han estado presos durante la fase de la actividad racional. No se trata de un trabajo porque no es la parte racional y por este motivo se habla de inercia, de energía pasiva, de expansión.

2. Ley de inercia psíquica.

En el reposo de intensidad parcial o total que concierne a determinados sectores de la actividad psíquica, por el mismo y único fenómeno de la inercia, mientras el consciente se estrecha o encoge, el inconsciente trabaja a pleno rendimiento extendiendo su propia actividad, no por acto de trabajo sino por acto de expansión de la represión súbita por parte del consciente en estado de actividad, extendiéndose exactamente en la dirección en la cual ha sufrido la represión pero en sentido contrario, porque es el consciente el que no le permite hacer lo que quiere, es decir, por inercia el inconsciente se manifiesta, a no ser que se ponga a trabajar el consciente y lo reprima. A mayor trabajo del consciente mayor represión del inconsciente. Por ejemplo, si se tiene que entregar un trabajo para obtener una buena calificación haremos la letra clara, esmerada, lenta, si por el contrario, estamos escribiendo a un amigo nuestra letra será más espontánea, natural, más como somos inconscientemente.

Todo hecho psicológico está conectado con otros hechos y jamás está aislado. Sin embargo la expansión puede involucrar una cantidad de recuerdos en varias medidas conectados.

Esta ley ha sido formulada partiendo de las leyes oníricas de Freud, llamadas por Marchesan, leyes del inconsciente y sustituyendo el concepto de trabajo onírico (según el cual para Freud los sueños requieren una excepcional laboriosidad mental y por ello un trabajo onírico) con el de inercia psíquica: los sueños ocurren por un acto de inercia debido a la expansión que libera el inconsciente de la represión súbita durante el día por efecto de la actividad del consciente.

3. Ley de representación psíquica-inconsciente.

El movimiento de ensanchamiento del inconsciente es un movimiento de inercia y por tanto privado de energía cibernética. Por consecuencia de esto, el empuje: a) no puede alcanzar su objetivo, b) tampoco puede alcanzar objetivos distintos o plurales, c) ni puede inducir a actividad mental sintáctica. Por la intangibilidad del objeto relativo, se presenta otro idóneo para representarlo (dislocación onírica), por la imposibilidad de alcanzar objetivos distintos o plurales se presenta un objeto que tiene más características suficientes para representar los objetos distintos queridos (condensación onírica), por la imposibilidad de estructuraciones sintácticas se tienen imágenes visibles.

El inconsciente tiende a manifestarse en cuanto el consciente se descuida, para obtener satisfacciones de los deseos que tiene reprimidos por el consciente. Como su movimiento es de inercia, no tiene empuje (carente de energía cibernética) para superar los obstáculos que le pone el consciente a sus deseos, y necesita economizar transformando (dislocación onírica) y condensando (condensación onírica) en una imagen que representa a todos los deseos de ese grupo o tipo.

Las tres leyes oníricas de Freud - dislocación, condensación y representación visiva - constituyen la tercera Ley fundamental de la psicología de la escritura. El producto del inconsciente bajo forma de sueño.

4. Ley de representación gráfica.

La escritura espontánea es producto de la zona subcortical y por lo tanto de la zona neurovegetativa y por tanto, del inconsciente. En ella confluye el yo en toda su integralidad: inteligencia, sentimiento y voluntad, con adaptación a las ocasiones de proyección de cada una de las características, propuestas por el modelo caligráfico que se transforma en una imagen visible desfigurada y condensada de la actividad vital del yo, es decir, en símbolos. De ello resulta la escritura, imagen visible, dislocada y condensada de la actividad vital del yo.

En función de nuestras experiencias vividas, de nuestra inteligencia y de nuestra forma de actuar tendremos una forma personal del símbolo. a) En la escritura el inconsciente ve la imagen visible, desfigurada, y condensada del pensamiento personal y una concreción del yo. b) Por medio del automatismo psiconervioso de la escritura, el inconsciente imprime en ella todas las características del yo de un modo mímico-simbólico, lo que no significa, sin embargo, que el movimiento y expresión gráficos sean un símbolo representativo de la tendencia. c) Existe una correlación entre las leyes fundamentales y los rasgos de la escritura (signos gráficos) y los de la psique (tendencias y aptitudes).

En el signo gráfico se da una representación simbólica y automatizada de mis pulsiones inconscientes.


LEYES DE AUTOMATIZACIÓN

1.- Concepto de tonalidad nerviosa. El pensamiento al expresarse y la voluntad de ponerlo por escrito, provoca la entrada en acción del reflejo habitual de la escritura, de este modo el movimiento ejecutivo, cae en el dominio de la tonalidad nerviosa.

Realizado en el consciente el aprendizaje de la escritura, los movimientos ejecutivos de la misma pasan a formar parte de los reflejos habituales, determinados desde dentro del yo mediante la concepción del pensamiento que se quiere expresar, y cayendo bajo el dominio de la tonalidad nerviosa, y, por tanto, bajo el dominio operativo de los contornos característicos del inconsciente.

Como cada individuo es un mundo, cada tonalidad nerviosa es un caso en sí misma, llena de toda la riqueza caracterial del sujeto. Recordemos a tal propósito que con el método de la Psicología de la Escritura se pueden definir por cada sujeto, algo más de 800 trazos caracteriales.

2.- El movimiento escribiente es deliberado, o sea, consciente, por cuanto considera o atañe al pensamiento que se quiere expresar y a la misma decisión de expresarlo por escrito, mientras las características de la escritura provienen de la automaticidad y son un reflejo de nuestro interior, en cuanto a la ejecución material del trazado.

3.- La escritura es la resultante de la lucha interna entre el esfuerzo habitual inconsciente de imitación fiel del modelo caligráfico, y la fuerza deformadora que se da en la tonalidad nerviosa personal de tal modelo, que se manifiesta en la actividad del sistema nervioso central, proveniente de la zona subcortical, la zona neurovegetativa y por lo tanto, del inconsciente. Cuando la escritura ya se ha convertido en un automatismo (reflejo habitual), el cerebro que piensa, entiende, siente, reacciona, quiere y obra, se proyecta a través de la escritura.

4.- La lucha entre el esfuerzo de imitación y la fuerza deformadora se manifiesta también durante el aprendizaje de la escritura, donde trabaja preferentemente el consciente.

En la escuela durante los primeros años, el esfuerzo no es inconsciente, sino consciente, el niño trata por todos los medios de dibujar el símbolo-letra tal cual se lo han enseñado, impidiendo el paso, en la medida de sus posibilidades psíquicas a la tonalidad nerviosa personal.


LEYES DE PROYECCIÓN

5.- La escritura es producto del consciente en su parte conceptual y del inconsciente en su parte gráfica o mímica, reproduciendo el enlace entre consciente e inconsciente en una única manifestación.

Nuestra forma mental nos hace concebir todo en términos de espacio y de tiempo y nos obliga, por tanto, a determinarlo todo en símbolos extraídos del tiempo y del espacio.

Debido a ello se produce en el inconsciente, en virtud de las leyes freudianas de condensación, dislocación y traducción en imágenes visivas, un instintivo y estrechísimo enlace entre el pensamiento concebido y el pensamiento escrito o en trance de serlo. Ante el esfuerzo por expresar por escrito con la máxima fidelidad el pensamiento, éste estrecha ulteriormente esta unión y hace más evidente la sensación de identidad entre el pensamiento concebido y el pensamiento materializado (escrito), de modo que en éste se reproducen no tan sólo los conceptos (que, sin embargo, denotan la habilidad que en ellos determina la posible falta de instrucción), sino también los modos personales del pensamiento, es decir, de la psique, los cuales se manifiestan en la impresión del modelo caligráfico que nos inculcaron en la escuela, y en las huellas que caracterizan fielmente la fuerza deformadora existente en la tonicidad nerviosa personal, que traduce y reproduce como un eco las características psíquicas del inconsciente.

Esta fuerza deformadora se presenta como una fuerza rebelde al pensamiento y a la manera de ser ajena, reafirmando la individualidad.

6.- La fuerza motriz de la escritura se articula en velocidad y en frenos para crear y asegurar la forma y la legibilidad.

La escritura es “necesaria” al hombre para que podamos a través de sus símbolos, recoger y mantener la enorme riqueza de nuestro pensamiento. La velocidad del pensamiento articula tal fuerza motriz en impulsos veloces, pero la necesidad de releer y comprender lo que escribimos hace necesario frenar esta velocidad hasta el límite necesario para clarificar lo escrito. Cada persona tiene su punto más o menos oscilante de conciliación entre la velocidad y la claridad en su escritura.

7.- Cuando escribimos un renglón o trazamos una letra, palabra, etc., distribuimos de forma personal la energía que teníamos en el impulso grafomotorio. El impulso psicomotor toma el movimiento del cerebro que está impregnado de todas las características dinámicas del yo y lo traduce en un gesto o impulso grafomotorio.

Los signos deformados con relación al modelo son signos que caracterizan la fuerza deformadora del inconsciente.

8.- La distribución de la energía está condicionada por los estados emotivos. La intensidad de la deformación corresponde a la intensidad de la fuerza deformante. La modalidad de la deformación corresponde a la modalidad de dicha fuerza. Por eso la letra escrita por el mismo sujeto no resulta idéntica.

9.- La palabra pronunciada es el símbolo sonoro de un concepto mental y real de la palabra escrita. La palabra escrita es el símbolo de la palabra pronunciada. Como la palabra pronunciada se coloca en el ambiente humano, así la palabra escrita se coloca sobre el folio que es, por tanto, el símbolo del ambiente humano. En consecuencia el modo con el cual el escribiente se comporta sobre el folio y coloca sobre él la palabra escrita, es el símbolo del modo con el cual el escribiente se comporta en el ambiente y coloca la propia personalidad con sus expresiones y acciones

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10.- La escritura no es un fenómeno estático, cae dentro del campo de la variación, por desarrollo y movimiento, como efecto de la evolución en la edad fisiológica y la impronta que dejan las experiencias y las vicisitudes en la psique, en correspondencia al deterioro psiconervioso de la personalidad por efectos irreversibles de traumas o por envejecimiento.

11.- Los impulsos grafomotorios a nivel inconsciente tienen un componente coactivo y un componente electivo, prevaleciendo el coactivo; sin embargo hay letras, preferentemente las mayúsculas, que aumentan la preponderancia de la electividad.

Si al concebir una letra o cualquier elemento escritural de una forma distinta, pensamos que estamos haciendo una libre elección, caemos en un error basado en el pensamiento erróneo que la escritura sería producto de la voluntad consciente. En realidad nuestros gustos están fijados en nosotros, son preexistentes, al momento en el cual adquirimos conciencia de los mismos.

12.- Las deformaciones impresas en el modelo caligráfico son características de la fuerza deformante articulada y fundida en el impulso psicomotor y posteriormente grafomotor que tiene poder simbolizante y alusivo a tales características, que son las características del inconsciente.

Ante la duda de si dictados y copias son igualmente productos del inconsciente, hay que contestar que a pesar de que no son nuestro pensamiento propio, les falta el esfuerzo por realizar la máxima fidelidad en lo escrito al propio pensamiento y falta también la identificación entre el propio pensamiento y cuanto se escribe. Sin embargo, y no por ello, dejan de ser una clara manifestación del inconsciente, pues vemos que entre los textos escritos por una única persona en dictado, copia o modalidad libre, las diferencias son pequeñas. Ya que el reflejo escribiente no pierde nada de su automaticidad.

13.- La modalidad de la deformación alude a la dinámica de la fuerza deformante; la intensidad indica la intensidad con la cual la fuerza deformante actúa. La fuerza deformante vence a la fuerza que quiere seguir el modelo, cuando la primera es mucho más fuerte.

14.- En nuestra mente consciente existe sólo el modelo caligráfico. En nuestro inconsciente existe el impulso psicomotor destinado a volverse grafomotor, asignado a cada letra o parte de letra, pero siendo susceptible de modificación por interferencias de la vitalidad del inconsciente.

En consecuencia, cuando queremos controlar nuestra escritura, cambiamos el aspecto hacia el modelo caligráfico; dejando nuestra escritura libre de controles, está cambia hacia la asunción integral de los estímulos o empujes psicomotores traducidos en grafomotores.

15.- Los impulsos psicomotores traducidos en impulsos grafomotores llegan muy disturbados por las prisas cuando se escriben apuntes, y de otra parte, se puede notar la variabilidad de la escritura según sea el destinatario del escrito, tendiendo a acercarse demasiado al modelo caligráfico cuando el destinatario del escrito aumenta en nuestra particular escala de consideración o cortesía.

16.- El aspecto de la escritura puede verse disturbado por las sensaciones de incomodidad en el medio ambiente donde escribimos, o derivadas del contacto de la pluma sobre el folio, por la no correspondencia de la pluma a las necesidades de nuestro movimiento escribiente o por defecto del folio.

17.- El saber que la escritura que estas realizando será valorada psicológicamente produce interferencias ansiosas y, en aquellos que conocen la psicología de la escritura, inconscientes tentativas de modificar signos relativos a defectos personales.

18.- Las interferencias emotivas inciden sobre la escritura en la medición un 7%. Si, además, el sujeto presenta el signo de la tara psíquica atávica – que puede ser genotípica (portador sano) o fenotípica (tiene ya la manifestación de la tara) – las variaciones pueden ser también muy amplias.

19.- El signo gráfico debe ser hecho sobre un folio blanco, siendo necesarios, por lo menos 12 renglones. En los primeros notaremos un acercamiento mayor al modelo caligráfico, cuando después, la velocidad del pensamiento sea más o menos igual a la de la posibilidad del trazado, la escritura se separará del modelo caligráfico y recibirá mejor los impulsos psicomotores, traduciéndolos en impulsos grafomotores. Cuando más tarde la velocidad de la formación del pensamiento se torna excesiva aumentará la carga pasional, y está invadirá los impulsos psicomotores, desordenando las características genuinas de los impulsos grafomotorios normales. Son muy importantes los renglones centrales porque en esta zona la escritura es más auténtica y espontánea.


LEYES RELATIVAS A LAS PROYECCIONES PARTICULARES

Diremos que una persona tiene tal o cual tendencia siempre que realice un determinado trazo o conjunto de trazos (signo gráfico), por ejemplo; si una persona con un trazo determinado x lo modifica por otra distinta j, también ha de modificarse la tendencia psíquica de x a la tendencia psíquica de j. Por lo tanto en la grafología se postula la siguiente ecuación:

Trazo = Signo gráfico = Tendencia

Al modificar cualquiera de los miembros de la ecuación, queda ineludiblemente modificado el otro.

Trazo: Cada una de las partes en las que se considera dividida la letra manuscrita.



20.- El trazado de la escritura se divide en: curso del renglón, trazo ascendente, trazo descendente y trazos horizontales. También hay trazos diagonales y curvos que participan de la ascendencia, descendencia y horizontalidad.

Lo escrito y pensado casi siempre se dirige al ambiente, luego en la escritura neolatina y similares que proceden hacia la derecha, el ambiente se dirige en el mismo sentido.

El curso del renglón es un movimiento. El movimiento puede ser a veces dirigido a un objeto o a actuar sobre ese objeto. Vale decir que el objeto hacia el cual la persona debe inevitablemente proceder, está ubicado a la derecha, y que por lo tanto, el movimiento va de izquierda a derecha. Del movimiento del renglón hacia la derecha y de sus características tendremos, por lo tanto, la proyección del impulso y de las características con las que el sujeto procede hacia el ambiente y con los cuales opera sobre el ambiente.

La escritura puede manifestar la forma de proceder del sujeto hacia el ambiente con los signos: fluida-estática, rápida-calma, titubeante, retornante, recta, caída hacia delante, caída hacia atrás, oscilante, espacio interletra. Etc.

Puede manifestarse el modo con el cual el sujeto obra, actúa sobre el ambiente con los signos: fluida-estática, rápida-calma, tensa, floja o elástica, robusta-enervada, a brincos-llana, contrastada, constreñida, deformante, contorsionada, retornante, modelo-antimodelo, etc.

Los trazos se denominan de la siguiente manera:

Perfil: Es todo trazo que fluye en sentido ascendente. Movimiento de extensión de los dedos. Pueden o no tener perfiles las siguientes letras: l, t, h, d, g. Se da en la zona superior e inferior del renglón. E indica la delicadeza, la feminidad. La expresión de los sentimientos.



Palote: Es todo trazo que fluye en sentido descendente. Movimiento de flexión de los dedos. Usualmente se presenta en las letras: l, t, h, d, b, p, q, y en general en todas las letras. Se da en la zona superior e inferior del renglón. El palote indica la voluntad, la masculinidad.



Óvalo: Es todo aquel elemento de trazo circular. Movimiento en círculo de los dedos, sinistrogiro. Solamente cinco letras lo poseen: a, o, q, g, d. Únicamente se dan en la zona central del renglón. Representa la racionalidad.



Bucle o Lazo: Movimiento alrededor de un eje vertical que pasa por el centro, es la unión de un palote y un perfil. En la zona superior del renglón son legítimos en las letras: b, h, l, k, f, e ilegítimos en la: d, t. En la zona inferior es legitimo en las letras: g, j, f, e ilegítimos en la: p, q. Muestran la capacidad de fantasía e imaginación.



Rizos: Son los trazos añadidos a las letras no previstos en el modelo caligráfico. Representan la pasionalidad.



Elementos Accesorios: Nos referimos con este nombre tanto a los puntos sobre la “i”, como a las barras de la “t”, la tilde de la “z” y “ñ”, las comas, acentos, etc., elementos accesorios en la escritura, detalles de gran importancia.





21.- El curso del renglón está constituido por el trazado de la palabra, es decir, por la acción de escribir. El inconsciente asocia instintivamente a tal gesto, la idea de proceder y actuar hacia y sobre el ambiente. Simbólicamente en el gesto escrito proyecto mi yo hacia el ambiente externo.



22.- El trazo descendente se mueve en el sentido en el cual podemos manifestar la presión sobre el folio, es la proyección de la presión necesaria a vencer, es por tanto, la vía de la voluntad. En ella se descarga más energía. En la presión ejercida se proyecta la capacidad de la persona de presionar sobre el ambiente para vencer las resistencias y hacer valer su propia voluntad. La forma del palote indica la capacidad de resistir la presión de los otros, de aquella que proviene del exterior.

Palote recto: resistencia de la voluntad a la presión: inflexible, voluntad rígida. Forma que no permite adecuarse a las exigencias del ambiente. Evita colaborar adecuadamente, lo cual se traduce en aislamiento.



Palote curvo o cóncavo: tendencia a ceder a las presiones. Voluntad dúctil. La persona puede tener un exceso de disponibilidad que no consigue mantener la justa rigidez cuando lo necesita.



Palote convexo: resistencia + reacción enfrentándose a la presión. Voluntad rebelde. El tipo rebelde tiene actitudes de prevención respecto a los estímulos ambientales.



23.- El trazo ascendente simboliza la vía del sentimiento. Si la línea ascendente está presionada indica poca sensibilidad, si es delgada o adelgazada indica mayor sensibilidad.

24.- El pensamiento se estructura en la escritura alineando letras y palabras en sentido horizontal. El trazo horizontal se encuentra preferentemente en el cuerpo central de la palabra que representa el Yo consciente. Son los trazos que llevan lo escrito hacia el destinatario, hacia el ambiente, para comunicarle ideas y conceptos, por esto son la vía de la racionalidad y del conocimiento o inteligencia.

Cuando la presión se manifiesta en el trazo horizontal, se hace ostensible la proyección de la tendencia a presionar sobre los otros para hacer que acepten tus propias ideas (rizo subjetividad), no tú voluntad, sino tus ideas.

25.- Los trazos que son resultado de movimientos descendentes y horizontales indican movimiento mixto de voluntad e inteligencia, los resultantes de ascendencia y horizontalidad indican un movimiento mixto de sentimiento y conocimiento o inteligencia. Los trazos mixtos (como la línea oblicua de la “S”) expresan una unión entre voluntad, sentimiento e inteligencia.

Los trazos no son siempre puramente ascendentes, descendentes u horizontales. La pureza de cualquiera de estas tres direcciones es rara, normalmente las letras son el resultado de las combinaciones entre las direcciones. Por lo tanto, como manifestación del psiquismo humano, este jamás será puramente intelectivo, sentimental o volitivo, sino la combinación de las tres facultades.

1)- Todo trazo de arriba hacia abajo se relaciona con la VOLUNTAD. 2)- Todo trazo de abajo hacia arriba es manifestación del SENTIMIENTO. 3)- Todo trazo horizontal es camino o manifestación de la INTELIGENCIA. 4)- Todo trazo descendente y horizontal es manifestación de VOLUNTAD y de INTELIGENCIA. 5)- Todo trazo ascendente y horizontal es manifestación de SENTIMIENTO e INTELIGENCIA.


26.- La escritura tiene un cuerpo CENTRAL, (zona media) unas prolongaciones hacia arriba, cuerpo SUPERIOR; y otras hacia abajo, cuerpo INFERIOR. La disposición local de las funciones elevadas y las materiales en el cuerpo humano produce en el subconsciente el instinto de localizar arriba las cosas ideales y abajo las materiales.



Por eso, los alargamientos hacia lo alto representan simbólicamente lo ideal, lo espiritual y en general todo aquello que no es material. Mientras en los alargamientos hacia bajo representan por el contrario, los intereses hacia lo físico-corporeo, la sexualidad, lo material.

En la extensión de los alargamientos hacia lo alto se proyecta la intensidad del contenido emotivo de los intereses hacia lo ideal y, en los alargamientos inferiores se muestra la tendencia a insistir para satisfacer los intereses hacia lo material, la corporeidad personal y lo sexual.

En la extensión de los bucles de los alargamientos, sea en la zona alta o baja, se proyecta la intensidad del contenido intelectual y de la fantasía en el campo ideal, material, fisiológico o de la sexualidad.

En la colocación de la barra de la “t” y del punto de la “i”, el inconsciente proyecta la importancia que atribuimos a los detalles accesorios. También debemos tomar en cuenta la tilde de la «z», puntos, comas, acentos y signos escriturales diversos.

La barra de la “t” ofrece también la proyección de un tipo de dinámica agresiva, excesiva o insuficiente, de un tipo de valoración del propio Yo.



27.- El movimiento de trazado de los elementos de cada letra indica el movimiento del YO sobre SÍ MISMO y por tanto, de la elaboración del pensamiento propio.

El movimiento clarificador de la letra indica el movimiento del Yo sobre sí mismo, para una clara proyección del yo en el campo práctico y ético.

28.- El pensamiento escrito es una comunicación del yo a los demás, precedida por un esfuerzo de discernimiento de los propios conceptos en sí mismos, para poder hacerlos inteligibles a los demás.

En el pensamiento se distinguen tres elementos constitutivos:

a) La IDEA, que es la representación intelectual de una cosa concreta o abstracta.

b) El JUICIO, que es la apreciación subjetiva de la conveniencia o no conveniencia de un atributo o de un hecho activo o pasivo con una cosa.

c) El RAZONAMIENTO, que es la construcción discursiva formada de juicios trabados entre sí con el fin de realizar una demostración, o representar una situación compleja, o una sucesión de acontecimientos o de frases de un acontecimiento.

El inconsciente asocia instintivamente en la escritura al concepto de elemento mínimo del pensamiento (que es la IDEA) al del elemento mínimo de la grafía (complejo, como la idea), que es la LETRA. Al concepto de ligazón estrecha, evidente e indisoluble de ideas, asocia instintivamente, el de la PALABRA formada por letras (ideas) unidas estrechamente, evidentemente (en cierto sentido) entre sí, formando JUICIOS. Al concepto de RAZONAMIENTO asocia instintivamente el de una serie de juicios, (palabras) colocados uno tras otro con una unión no evidente en un RENGLÓN.

a- LETRA = IDEA.

b- PALABRA = JUICIO.

c- RENGLÓN = RAZONAMIENTO.

29.- En el ligamen entre una letra y otra, el inconsciente siente el ligazón lógico entre una idea y la otra y entre ellas la síntesis, el ligamen afectivo entre si y los otros y la coherencia de la propia voluntad.



Escribir con la letra desligada comporta una fatiga y una ralentización a la hora de escribir, todo ello ataca a la ley de la practicidad de la escritura, al provocar un mayor desgaste de mis fuerzas y una disminución de la automaticidad y la velocidad del trazado.

En el ligamen entre letras el inconsciente colectivo ha sentido la ventaja (pasamos de escritura latina desligada a neolatina ligada en el curso de los siglos) y el beneficio. El ligamen, por lo tanto, produce éste efecto.



En el individuo el ligamen se evidencia en todas las facultades humanas. En la inteligencia intelectiva es lógica y síntesis, en la emotiva es la ligazón sentimental con las personas y en la voluntad determina la coherencia.

30.- En la letra mayúscula el inconsciente proyecta el YO ideal (como queremos ser y como nos gusta que nos vean). Es el sentido de la honorabilidad representado por el tamaño (siempre mayor que el de la mayúscula) y el homenaje al honor propio en la belleza (siempre más elaboradas que las minúsculas).

En la separación (espacio) entre una letra y la otra (INTERLETRA), si la letra representa el yo, el espacio será el no yo, es decir, el otro. Un espacio más o menos acentuado entre un yo y el otro, significa conceder más o menos espacio a los otros.

Esta ligazón lógica, es, sin duda, pensamiento, pero en medida menor, con menos intensidad en cierto modo; deja libre un poco de energía psíquica. Y puesto que el pensamiento escrito es un esfuerzo por hacer los propios conceptos inteligibles a los demás e implica así también una consideración de la capacidad ajena para entender. Éste poco de energía psíquica libre se aplica instintivamente a la consideración del que ha de entendernos. Por esto, en la extensión de espacio entre letra y letra (entre idea e idea), el subconsciente ve instintivamente la amplitud de la consideración concedida a los demás.

31.- Entre una palabra y la otra no escribimos, en este tiempo miramos aquello que hemos hecho respecto al ambiente externo. Es el signo de la reflexión y del sentido crítico (INTERPALABRA).

El trazado de la palabra tiene en sí la característica de la acción, y entre acción y acción (entre palabra y palabra) dejamos un espacio-tiempo que es la característica de la reflexión, aplicada a la consideración de la realidad ambiental, sobre la cual una acción proyectada del sujeto deberá operar.

Se trata, por tanto, de la proyección simbólica de un auténtico arco de horizonte en el cual el sujeto escribiente, interrumpe frecuentemente su acción proyectada en el acto de escribir, y da una mirada a la realidad que le rodea para controlar lo adecuado de sus acciones y la posibilidad de actuar en el ambiente desde distintas ópticas. En estos segundos vemos y observamos aquello que hemos hecho respecto al ambiente externo, poniendo en relación acontecimientos precedentes, circunstancias y posibles consecuencias de nuestras decisiones.

Viene satisfecho casi un deseo, sentido de forma irresistible e instintiva, de controlar paso a paso el ambiente en el cual nuestra acción debe aplicarse para tener seguridad que la acción es la más correcta y conseguir la perspectiva de triunfar.

El trazado de la palabra es acción y, por lo tanto, concentración mental en lo ejecutivo. El no trazado de la palabra que se hace visible en el espacio entre una palabra y la otra es no acción, es reflexión e interpretación de la realidad ambiental puesta en conexión con los precedentes casi idénticos, similares o análogos y en conexión también con la visión preventiva de las reacciones del ambiente a la puesta en ejecución de nuestra reacción.

Por lo que en la extensión del espacio entre una palabra y la otra, el inconsciente proyecta la extensión de su visión sintetizante y precedente, la circunstancia y la consecuencia de la hipótesis de acción: La visión panorámica.

32.- Cuando estamos inmersos en el ambiente, la escritura proyecta el YO, procediendo no sólo hacia los otros, sino también hacia el futuro del YO. Hacia la derecha está la meta del movimiento escribiente, destinado a llevar el pensamiento hacia los otros. La posición en el lado derecho, mientras se escribe, no está todavía ocupada, pero lo estará y por tanto, simboliza el futuro. A la izquierda estará la proyección simbólica del ambiente anterior al YO, de donde proviene el YO, de los entes dominantes del YO, de los atavismos y ancestros del YO.

La escritura neolatina va de izquierda a derecha en el trazado de la palabra, la izquierda representa simbólicamente el ambiente anterior al Yo, nuestros orígenes, familia, el pasado; la derecha representa lo que es nuevo, la situación a construir, el futuro.

La dirección del renglón ascendente, indica una postura o actitud innovativa (demasiado ascendente es utópico). El renglón adherente u horizontal indica una actitud de mediación con el ambiente. Mientras que el renglón descendente significa que la persona está convencida de no poder superar los obstáculos, y sucumbe al ambiente.

En la velocidad del movimiento hacia la derecha se tiene la medida de la impetuosidad con la cual la persona procede hacia el ambiente.

33.- Los elementos no previstos por el modelo caligráfico (rizos, rúbricas), que se encuentran presentes en la escritura, por el hecho de no ser previstos, son ilegítimos y expresan una energía inesperada, siendo indicio de una fuerte pasionalidad no elaborada.

34.- Considerando todo el trazado gráfico, podemos tener la sensación de redondez o angulosidad. Si la escritura es curvilínea es proyección de ausencia de dolor, es una persona dócil, disponible, serena y receptiva, muestra una actitud de aprobación, aceptación, optimismo, inclinación a la benevolencia con los otros, asumiendo su sacrificio (abnegación) y acogimiento. La escritura angulosa por el contrario, índica sufrimiento, la persona huye de los sacrificios y de su propia responsabilidad.

Los ángulos no previstos en el modelo caligráfico, en razón de su agudeza, constituyen una desviación repentina que prueba una intervención dolorosa que impone una fuga, por lo que la escritura angulosa y aguda es la escritura del sufrimiento, una huida del sacrificio y de su propia responsabilidad.

35.- Los fenómenos descritos en la Ley 5ª se manifiestan también cuando se trata de escribir pensamientos de otros en dictado o en copia.

36.- Las direcciones escritas para las postales o cartas, se resienten por la preocupación de hacerse claramente legibles para evitar errores de lectura o comprensión, por esta razón, cuando debemos ser examinados por insuficiencia de escritos exentos de estas interferencias alterantes y de lo genuino, hay que tener en cuenta el hecho que hemos estado bajo la preocupación indicada.

37.- La firma es la imagen social del YO, tiene un valor de representatividad e indica aquello que la persona quiere aparentar, debe ser valorada en unión del texto y no de forma aislada.

Considerándola separadamente es necesario observar la grandeza, la dirección de los palotes, si se trata de una rúbrica, si son rizos, si viene escrito el nombre o el apellido.

Confrontándola con el resto de la escritura deberíamos observar si la firma es más grande o más pequeña que el resto del escrito, si está más resaltada, si la posición está a la derecha, izquierda o al centro, si está puesta a gran distancia del resto del escrito.

Está raramente exenta de interferencias. Las personas dinámicas o aquellas nerviosas, realizan la firma o bien hacen una rúbrica (movimiento automático confiado a la mano). Son personas que se complacen con su escritura y se gozan del placer de usarla admirando en su belleza inconscientemente el propio Yo en sentido narcisista. Otras personas crean combinaciones de volutas, espirales y las entrecruzan y entretejen con las mayúsculas. Estos son los que envuelven la firma en una nube autoexaltante y son los que la subrayan atribuyéndose inconscientemente un supervalor autoritario. También están los que la hacen más grande que su propia escritura de forma majestuosa y, los contrarios, que la achican empequeñeciéndola como para esconderse de sí mismos.


CONCLUSIÓN

Estas leyes dan el modo de interpretar todas las deformidades o formas de la escritura, desde las más usuales a las menos catalogadas.

Se pueden aplicar a cualquier escritura, de cualquier cultura y alfabeto, naturalmente partiendo del modelo caligráfico del alfabeto, del que se trate, en cuestión.



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